La moneda en al-Ándalus

Cuando Mahoma inició la huida (Hégira), desde La Meca a Medina, alejándose de los enemigos políticos que se había granjeado por sus predicaciones sobre la revelación divina, poco podía sospechar que estaba protagonizando el acto considerado como fundacional de una nueva religión, que transformó profundamente el mundo del Sur, Este y Oeste del Mediterráneo.
Posiblemente, la idea de Mahoma fuera llegar a ser conocido como un profeta de la categoría de Moisés o de Jesucristo, pero cuando la comunidad judía de Medina consideró errónea su interpretación de las Escrituras, comprendió que su doctrina no conducía a la religión de Abraham, sino que constituía una nueva fe. Para dejar constancia de ello, alteró la orientación en la postura de los rezos desde Jerusalén hacia La Meca.
En Medina, estableció un estado musulmán teocrático con el propósito de extender la nueva religión, utilizando la Guerra Santa (Yihad) como vehículo de expansión. La Meca cayó en poder de los mahometanos en el año 630 y, tras su victoria sobre los beligerantes beduinos de la región, Mahoma regresaba a Medina continuando con su misión reveladora. Atrajo a nuevos grupos de beduinos por medio de las armas, o por la convicción, y bastaron dos años para controlar la península Arábiga antes de fallecer en el año 632.
Abu Bakr, suegro del profeta, fue nombrado califa (representante de Dios) como figura integradora para resolver las discrepancias surgidas tras la muerte de Mahoma, pero ni él ni sus sucesores pudieron evitar los enfrentamientos entre las facciones. Las dos corrientes más importantes del Islam fueron (son) la sunnita y la chiíta. Los sunníes o sunnitas, así llamados porque junto al Corán aceptan la Sunna o libro de la tradición, que contiene las vivencias y pensamientos de Mahoma recogidos por sus primeros discípulos, pertenecían a la clase rica y privilegiada de Arabia. Los chiítas no aceptaban la Sunna y defendían que la interpretación del Corán debía hacerla el mejor de los descendientes de Mahoma y, por tanto, la figura del Imán correspondía a los descendientes de Alí, primo y yerno del Profeta.
Durante el califato de Utman, perteneciente a la familia de los Omeya, se recopiló y escribió el Corán para soslayar las disputas en torno al recitado del mismo.
No obstante, las discrepancias sobre la interpretación de sus mandatos generaron encarnizadas contiendas civiles enfrentando a los sunnies con los chiítas de Alí. Los motivos primarios de la rivalidad hay que buscarlos en los enfrentamientos tribales, en los que subyacía la idea de dominación y preponderancia de unas tribus sobre otras.
En estas contiendas, nunca terminadas, se impuso la dinastía Omeya, que estableció su capital en Damasco y fue protagonista de la gran propagación del Islam, estableciéndose desde la India hasta al-Ándalus, además de dominar el Índico y el Mediterráneo. Por Occidente la expansión fue detenida por Carlos Martel en Poitiers (732) y en Oriente finalizaba en 751.

La expansión territorial, cultural y religiosa musulmana fue un fenómeno sorprendente por su rapidez y aparente facilidad. Posiblemente, la causa principal que facilitó la conquista de tan vasto territorio, fue la aplicación de los regímenes administrativo y fiscal existentes en los pueblos invadidos, con lo que obtuvieron la colaboración de la mayoría de la aristocracia local. Además, aplicaron un sistema de impuestos que sustituyó a la antigua costumbre del botín de guerra, evitando odios y ganando más adeptos a su causa. A todo ello debe añadirse la escasa presión por imponer su religión, al menos en los primeros tiempos, hecho que mereció el respeto de los invadidos. Por otra parte, el árabe, tras ser designado como lengua administrativa, se difundió con gran rapidez por los territorios conquistados, facilitando la relación entre los árabes y los pueblos dominados.
Durante el califato de Marwan II, el islamismo sufrió una nueva guerra civil entre los omeyas y sus grandes rivales los abasidas. De la matanza del clan omeya sólo pudo librarse el joven Abderramán, quien huyó hacia al-Ándalus, fundando poco después el Emirato Independiente de Córdoba (756).

Se conoce con el nombre de al-Ándalus el territorio de la Península Ibérica ocupado por los musulmanes entre los años 711 y 1492.
No existe una opinión unánime en torno a la etimología de la denominación al-Ándalus. Se han publicado diversas teorías sobre ello, pero ninguna concluyente.
Así, el islamólogo holandés Reinhardt Dozy (1820-1883), en su obra “Historia de los musulmanes de España”, propuso que el nombre proviene de los vándalos: vandalus (tierra de los vándalos).
Otros estudiosos como Joaquín Vallvé, catedrático de la UCM de Madrid, (La conquista y sus itinerarios), Juan Fernández Amador de los Ríos (Antigüedades ibéricas) y Georgeos Díaz-Montexano (Textos de Platón) exponen que Ándalus sería la forma árabe con la que se denomina la isla Atlantis referida por Platón.
Según otra corriente de opinión, encabezada por el teutón Heinz Halm, la palabra procede del germano: land = tierra, lus = de sorteo, lo que estaría relacionado con el reparto de las tierras hispanas a las tribus germánicas.
Andalucía tiene su origen en el término arabizado: “al-Andalusíya”, es decir, al-Ándalus con el sufijo femenino “iya”.
Desde que, el 16 de julio del año 622 de la Era Cristiana, Mahoma iniciara su Hégira hasta la conquista de la Hispania visigoda, apenas habían transcurrido 90 años y en la dominación peninsular tardaron escasos cinco años.
La situación caótica de la Península Ibérica, heredada del desastroso reinado de Witiza, favoreció la ocupación y el dominio, que perduró durante ocho siglos. El avance islámico no careció de episodios violentos, sin embargo avanzó más bien mediante acuerdos con los nobles visigodos, que entregaban tierras a cambio de privilegios.
LA ECONOMÍA DE AL-ÁNDALUS
La economía islámica era esencialmente urbana. Los musulmanes establecieron como base de su sistema económico el desarrollo de las ciudades y de las actividades que ello conlleva, es decir, la industria y el comercio.
Las urbes se desarrollaban rodeadas de cinturones hortofrutícolas y los zocos y arrabales de profesiones artesanales eran esenciales en su forma de vida. No existían grandes industrias, sino pequeños talleres de muy diversas especialidades. La agricultura extensiva cerealista y la ganadería, que tanta importancia tuvieron en épocas anteriores, quedan ahora relegadas.
Al-Ándalus era el único centro de importancia comercial y cultural de Europa entre los siglos VIII y XI y se hallaba integrado en el circuito comercial que se extendía a lo largo del Mediterráneo, penetraba en África y llegaba hasta la India, relacionándose con China por medio de las caravanas y con los territorios bálticos a través de los ríos navegables rusos.
Los productos de al-Ándalus predominaban en los incipientes mercados del norte europeo hasta finales del siglo XII. Su cultura, recibida de Oriente, enlazaba con el mundo griego y llegó a alcanzar un esplendor que la Europa cristiana sólo conocerá a partir del siglo XIII. Al-Ándalus, y los dominios musulmanes del sur de Italia, transmitieron al resto del mundo europeo occidental el saber clásico que, unido al pensamiento cristiano, configuraron la Europa medieval.

LA MONEDA
El comercio fue posible gracias a la existencia de una moneda universalmente aceptada. En principio, los musulmanes se limitaban a utilizar las monedas existentes en los territorios conquistados, y más adelante se complementarán, primero, y serán sustituidas, después, por las acuñaciones de los omeyas a finales del VII.
El sistema monetario se fundamentaba en tres monedas: el dinar, el dirham y el felús. El dinar era de oro y se inspiraba en la moneda del emperador bizantino Heraclio. Fue acuñada por primera vez por Abdelmalik en los años 695-697 d.C. (76-78 de la Hégira), el dirham era de plata y valía 1/10 de dinar. El felús se acuñaba de cobre.
En las monedas islámicas únicamente aparecían leyendas proclamando la unicidad de Dios y su preferencia por la misión profética de Mahoma “En el nombre de Alá, no hay dios sino Alá, Mahoma es el emisario de Alá”. A lo largo de los siglos VIII y IX, fueron apareciendo otros elementos no religiosos en los textos como los nombre de gobernadores, califas, y personajes en la línea de sucesión dinástica.

MONEDA CALIFATO DE DAMASCO

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Dirham de Abdelmalik 78 H

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Dinar de Damasco del año 80 Hégira (Omeya) (no es moneda fiduciaria)

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Dirham de Damasco año 80 de la Hégira (Omeya)

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Dinar de Marwán II Damasco 127-132 Hégira (744-750 d.C.) (Omeya) (no es moneda fiduciaria)

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Dirham de Marwán II Damasco 129 Hégira (746 d.C.) (Omeya)

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Felús omeya acuñado entre finales del siglo VII y mitad del VIII
Anverso: Un candelabro (Menorah?)
Reverso: Mahoma es el profeta de Alá.

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Sólido (dinar) omeya acuñado en al-Ándalus en el año 94 H (712-713 d.C.)
Anverso: Una estrella de ocho puntas y una orla con la leyenda INN NIN ZNZ SN A (In nomine Domini non Deus nisi Deus solus non Deus alius)
Reverso: La leyenda HIZFRTINSPNANCXIII (Hic nummus solidus feritus in Spania anno XCIIII) figura en la orla y en el centro IN CXI (Indictione XI)

MONEDA DEL CALIFATO DE BAGDAD

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Dinar de Al-Mahdí Muhammad. Bagdad 166 Hégira (783 d.C.) (Abasida) (No es moneda fiduciaria)

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Dirham de Al-Mahdí Muhammad. Bagdad 158-169 Hégira (775-786 d.C.) (Abasida)

En al-Ándalus, los musulmanes utilizaron, al igual que los cristianos, la moneda visigoda y los dinares y dirhems omeyas y abasíes llegados a la Península a través de los intercambios comerciales. La acuñación propiamente hispánica comienzó con Abderramán I, quien estableció el patrón de plata que gozó de estabilidad hasta comienzos del siglo XI, pero no se generalizó hasta Abderramán II al que se debe la emisión sistemática de monedas de plata. (Abderramán = esclavo del Clemente)
El patrón monetario de plata se adoptó porque al-Ándalus se vio afectado en el siglo VIII y parte del IX por la escasez de oro y sólo se acuñaron monedas de cobre y plata hasta que Abderramán III intervino en el Norte de África y entró en contacto con la ruta de caravanas del oro sudanés acuñando las primeras monedas de oro en el año 929.

ACUÑACIONES y CECAS
Las acuñaciones estaban relacionadas con el aumento del comercio que exigía una mayor cantidad de moneda circulante. La ceca principal se instaló en Córdoba y se trasladó a Medina Azahra cuando Abderramán III eligió este palacio como residencia (948) y centralizó los servicios estatales.

MONEDA DEL EMIRATO DE CÓRDOBA
Abderramán, el único omeya de Damasco que escapó a la matanza realizada por los abasidas, llegó a Córdoba en el año 756 fundando la dinastía que gobernó al-Ándalus hasta principios del siglo XI. Se independizó política y administrativamente del Islam creando el emirato independiente, si bien mantuvo la unidad espiritual y moral con el califato.
El auténtico organizador del emirato fue Abderramán II, quien delegó sus poderes en los visires (primer ministro, ayudante o valido del emir). La islamización fue muy rápida, el número de mozárabes (cristianos en territorio musulmán) se redujo considerablemente.
Las monedas del emirato sólo llevaban leyendas tanto en el anverso como en el reverso. La leyenda interior del anverso decía: “No hay dios sino Allah sólo. No tiene igual”.
La exterior “En el nombre de Allah. Este dirham fue acuñado en Al-Ándalus en el XXX (año) de la Hégira”.
En el reverso figuraba “Allah es Único eterno e indivisible no ha engendrado ni ha sido engendrado y no tiene igual” en el interior y en el exterior “Muhammad es el mensajero de Allah. Lo envió con la guía y el autentico Din (guía de conducta del Islam) para revelarlo a todas las religiones incluso si los politeístas abjuran de ellas”.

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Dirham de Abderramán I 154 H

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Dirham Hisham I 173 H

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Dirham Al Hakam I 203 H

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Dirham Abderramán II 220 H

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Felús de Abderramán II

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Dirham de Mohammad I 239 H

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Felús de Mohammad I

CALIFATO DE CÓRDOBA
Abderramán III proclamó el Califato de Córdoba en el año 929 independizándose religiosamente del califato abasida de Bagdad. Sus objetivos eran fortalecer el poder de los omeyas en al-Ándalus y consolidar las rutas marítimas mediterráneas asegurando el comercio con las zonas ribereñas, y garantizando el abastecimiento del oro sudanés.
La segunda mitad del siglo X fue la época de mayor esplendor de al-Ándalus en la que se llegó a intercambiar embajadores con el Sacro Imperio Romano-Germánico.
A principios del siglo XI comienzó la decadencia y en el año 1031, el califato quedó abolido, tras la fragmentación del estado, dando paso a los llamados reinos de Taifas.
Durante el califato (Abderramán III) se abandonó el patrón monetario de plata implantado en el emirato y se impuso el patrón oro con un dinar de 2,90 g. Entre los cristianos recibió el nombre de mancuso.
El formato de la acuñación monetaria sufrió una pequeña variación apareciendo el nombre del califa en la leyenda interior del reverso. Así con Abderramán III la leyenda “Allah es Único eterno e indivisible no ha engendrado ni ha sido engendrado y no tiene igual” fue sustituida por “El Imán al-Nasir Li-Din Allah Abd al-Rahman Wally de los Creyentes de Qasim”

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Dirham Abderramán III 330 H

Con Al-Hakam II se comienzan a emitir monedas en al-Zahra y en la leyenda exterior del anverso sustituyó a al-Ándalus que venía figurando hasta entonces.

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Dinar de al-Hakam II (961-976)

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Dirham de al-Hakam II 366 H

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Dinar de Hisam II (979-1009)

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Dirham de Hisham II 383 H

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Dirham Mohammad II 399 H

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Dirham de Sulayman acuñado en al-Ándalus 400 H (1009)

Durante los califatos de Abderramán V, Muhammad III fueron tiempos revueltos y confusos y con Hisham III se abolió el califato.

REINOS DE TAIFAS
La guerra entre los seguidores del califa Hisham III y los partidarios de su primer ministro Almanzor fue el factor desencadenante de la caída del califato. La causa principal de los enfrentamientos fue el profundo descontento existente entre la población debido a la agobiante presión fiscal necesaria para financiar las campañas bélicas de Almanzor. La división se reprodujo en diversas ocasiones dando lugar a la creación de otras taifas.
Durante este período se produjo una devaluación de la moneda. Los dirham apenas tenían un 20% de plata y llegaron a ser de cobre.

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Dirham de al-Mahdi Muhammad I bin Idris 438-446H/1047-1055 (Málaga)
Anverso: En el nombre de Allah, este Dirham fue acuñado en al-Ándalus en 441 H
Reverso: El líder El Imán Muhammad Líder de los Creyentes al-Mahdi Billah Yehya

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Dirham de al-Mu’tadid Billah ‘Abbad 433-461H/1042-1069 (Sevilla)
Anverso: En el nombre de Allah, este Dirham fue acuñado en al-Ándalus en 442 H
al-Mu’tadid
Reverso: El Imán Hisham Líder de los Creyentes al-Mu’ayyad Billah Billah

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Dirham de al-Mansur ‘Abd al-’Aziz 429-435H/1037-1044 Almariyah (Almería)
Anverso: No hay dios sino Allah sólo. Muhammad es el mensajero de Allah Ibn Aswad
Reverso: Allah al-Mu’tamid ‘Ala El Imán ‘Abd Allah Líder de los Creyentes al-Mu’ayyad Bi-Nasr Allah

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Fracción de dinar de la Taifa de Toledo emitido por al-Mamún (435-476H)

ALMORAVIDES
Constituían una especie de monjes-soldados existentes entre los nómadas bereberes del Sahara. Adoptaron una interpretación muy rigurosa del Islam y unificaron, bajo su dominio, un gran territorio en África Occidental.
Cuando Alfonso VI, el Bravo, rey de Castilla y León, se apoderó de Toledo (1085), los andalusíes se vieron en peligro y llamaron en su auxilio a los almorávides de Yusuf ben Tashfin, austero derviche (monje) vestido con piel de oveja y alimentándose de dátiles y leche de cabra, al igual que los legendarios guerreros islámicos primitivos. Con la llegada almorávide, la mitad sur de la Península Ibérica quedó bajo su poder.

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Imperio almorávide

Los almorávides introdujeron cambios importantes en el sistema monetario. Pusieron en circulación su dinar de oro con un peso de unos 4 g. y aproximadamente 2,5 cm. de diámetro que era conocido como morabetín o morabetino (devotos de Dios) y denominado por los cristianos maravedí.

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Dinar o morabetín almorávide 536 H acuñado en Fez

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Dinar almorávide de oro. Granada. Ali Ben Yusuf. 517 H.

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Moneda fraccionaria del dinar almorávide

En cuanto a la plata, el quirate (1 gr y 1 cm) supondrá un cambio radical. Equivalía a ½ dirham y contaba con divisores desde ½ hasta 1/16 de quirate.

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Dirham de Yusuf bin Tashfin 480-500H/1087-1106
Anverso: No hay dios sino Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Reverso: El Wally Yusuf bin Tashfin

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Quirate almorávide Yusuf ben Thashfin

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1/2 Quirate de Ali bin Yusuf 500-537H/1106-1142
Anverso: Ali El Wally
Reverso: Orla circular con punto.

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Moneda Almorávide: Anverso y reverso de un divisor de dirham acuñado durante el reinado de Ali ben Yusuf”, siglo XII.

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Dirham de Tashfin bin ‘Ali 537-540H/1142-1145
Anverso: No hay dios sino Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
El Wally Ibrahim
Reverso: Wally de los Musulmanes y Vencedor en la Yihad Tashfin bin ‘Ali

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Dirham de Ishaq bin ‘Ali 540-541H/1145-1146
Anverso: No hay dios sino Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Qurtuba
Reverso: Wally de los Musulmanes y Vencedor en la Yihad Ishaq bin ‘Ali

ALMOHADES
El fracaso almorávide en su intento de fortalecer los reinos musulmanes de al-Ándalus e impedir el avance de los cristianos, favoreció la toma del poder por parte de los almohades, nombre castellano de los “al-Muwahhid” (los unitaristas)
El fundador del movimiento, Ibn Tumart, se autoproclamó mahdi (profeta del Islam) y llamó a todos los musulmanes, especialmente a los de la Península Ibérica, a retornar a las fuentes primitivas de su fe, es decir, el Corán. Siguiendo estos principios, trataron de unificar los reinos de taifas y formar un poderoso gobierno islámico para hacer frente a los cristianos.
A pesar de los esfuerzos de los gobernantes, la dinastía almohade no consiguió dominar por completo a la turbulenta taifa de Granada y, por otra parte, su radicalismo fue mal aceptado por la población musulmana de al -Ándalus. La victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) significó el comienzo de la decadencia almohade.
Los almohades abordaron en al-Ándalus una reforma monetaria que afectaba a la tipología, metrología y formato de la moneda. Hicieron circular la suya de oro que equivalía a un doble dinar y cuya denominación cristiana era dobla. Fue característica de los almohades la emisión de monedas cuadradas.
Las doblas eran circulares, mas llevaban un cuadrado central en ambas caras definido por una gráfila. Pesaban aproximadamente 4,60 g. y medían 3 cm. Existían tres divisores: ½, ¼ y 1/8 de dobla.
Las doblas llevaban en su anverso la leyenda “alabado sea Dios Señor del Universo” y en el reverso “alabado sea Dios único”
Los dirhem “No hay más dios que Dios / todo el poder es de Dios / no hay fuerza sino en Dios”.
En ninguna moneda aparece la fecha de acuñación y en muy raras ocasiones la ceca.

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Dobla almohade

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Dobla de imperio almohade

Era conocida como dobla de cinco rayas a causa de que su leyenda en árabe ocupaba cinco líneas. Perduró hasta la caída del reino de Granada.
Las doblas castellanas derivaban de las almohades y, acuñadas desde Fernando III, se convertirían en la moneda corriente de oro en Castilla durante toda la Baja Edad Media.

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Abd al-Mu’min bin ‘Ali 524-558H/1129-1162
Anverso: La oración es Allah Señor de todo lo existente
Reverso: Abu Muhammad ‘Abd al-Mu’min bin ‘Ali Wally de los Creyentes.

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Abu Ya’qub Yusuf ibn Ya’qub 685-706H/1286-1307 Ceuta
Anverso: No hay señor excepto Allah Wally de todos los dioses. No hay Poder excepto el que viene de Allah
Reverso: Señor Muhammad es nuestro Mensajero al-Mahdi es nuestro Imam

TAIFAS ALMOHADES

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Dirham de la taifa almohade de Murcia bajo el poder de los Hudids
al-Mutawakil Muhammad bin Yusuf bin Hud 621-635H/1224-1237
Anverso: No hay deidades excepto Allah y Muhammad es Su Mensajero. al-Abbas el Imam de la Nación
Reverso: al-Mutawakil ‘Ala Allah Wally de los Creyentes Muhammad bin Yusuf bin Hud

FALSIFICACIONES
La falsificación de moneda en la Edad Media era generalizada y un hecho común a los mundos cristiano e islámico. La andalusí era imitada en la Península Ibérica por los reinos cristianos del Norte desde la época del Califato y la almohade fue también objeto de plagio. La falsa moneda cuadrada de plata que imitaba al dirham almohade, conocida entre los cristianos con el nombre de millarés, moneta miliarensis, fue acuñada tanto en cecas de reinos cristianos de la Península Ibérica como en otros muchos puntos de la costa septentrional del Mediterráneo occidental, tuvieran o no autorización para acuñarla.
El falso millarés se convirtió en una importante pieza en el comercio marítimo mediterráneo formando parte del flujo de plata que tuvo lugar en ese período desde Europa al Norte de África, introduciéndose así en los territorios bajo el dominio almohade.

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Millarés (Imitación española)
Anverso: No hay señor excepto Allah Wally de todos los dioses. No hay Poder excepto el que viene de Allah.
Reverso: Allah es nuestro Señor. Muhammad es nuestro Mensajero. al-Mahdi es nuestro Imam

REINO NAZARÍ DE GRANADA
Los musulmanes de Arjona (Jaén) proclamaron sultán de su territorio a Mohamed ben Yusuf ben Nasr ben Alhamar en el año 1232. Era conocido como Alhamar, el Rojo, y decía ser descendiente de uno de los compañeros de Mahoma. Apoyado por su familia, los nazaríes, y sus parientes, extendió su autoridad sobre Jaén, Porcuna y posteriormente a Guadix y Baza.
A la muerte de bin Hud, último caudillo almohade, a quien permanecía fiel Granada, los nobles granadinos proclamaron sultán a Alhamar.
Fue el creador de la dinastía nazarí, que tuvo 20 sultanes granadinos, y el fundador del Reino de Granada que, si bien al principio confraternizó con los reyes castellanos, tuvo que convertirse, pasado el tiempo, en tributario de los mismos a fin de mantener su independencia.
Gracias a una hábil diplomacia consiguió unir las provincias de Granada, Málaga y Almería. Recibió el éxodo de los andalusíes, cuyas tierras eran conquistadas por los cristianos, y ello condujo al incremento en la densidad de población con el consiguiente aumento en la actividad productiva.
En general, el reino nazarí era débil y se mantuvo gracias a pactos, tanto con los reinos cristianos como con los benimerines, cuyas tropas permanecieron de forma continua en el territorio sin prestar obediencia al sultán, por lo que el reino nunca fue totalmente independiente.
Durante toda su existencia fue un reino lleno de convulsiones como lo demuestra el hecho de que gran parte de los sultanes murieron asesinados. El último rey de la dinastía nazarí, Boabdil, entregó las llaves de la capital de su reino a los Reyes Católicos en 1492, terminado con ello la presencia islámica en Hispania iniciada ocho siglos antes.

LA MONEDA NAZARÍ
La dinastía nazarí comenzó emitiendo moneda bajo la influencia tunecina, pero pronto crearon unas emisiones propias de tipo almohade: las doblas llevaban un cuadrado inscrito con doble línea y los dirhemes cuadrados. En el anverso figuraban leyendas de tipo religioso y en el reverso el nombre del emir. A partir de Mohammad V apareció el nombre de la ceca emisora.

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Dobla nazarí

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½ dirham
Anverso: No hay Señor excepto Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Reverso : ‘Abd Allah ‘Ali al-Ghalib Bi-Allah Granada

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½ dirham
Anverso: No hay Señor excepto Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Reverso: ‘Abd Allah ‘Ali al-Ghalib Bi-Allah Granada

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½ dirham
Anverso: No hay Señor excepto Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Reverso: No hay Vencedor excepto Allah (Ta) Granada

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¼ dirham
Anverso: No hay Señor excepto Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Reverso: No hay Vencedor excepto Allah (Ta) Granada

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¼ dirham
Anverso: No hay Señor excepto Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah
Reverso: Acuñada en la ciudad de Granada

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1/8 dirham
Anverso: Alabanza a Allah Señor de todo lo existente.
Reverso: No hay Victoria excepto la de Allah.

Benimerines (del árabe, Banu Marin), también Mariníes, miembros de la dinastía bereber que sucedió a los almohades en el Magreb occidental (Marruecos), desde mediados del siglo XIII hasta principios del siglo XV. Los Benimerines intervinieron decisivamente en la vida política del reino Nazarí de Granada, donde formaron un ejército permanente. Fueron, además, el apoyo fundamental de la resistencia musulmana contra los reyes cristianos. Desde el primer momento estuvieron interesados en dominar el estrecho de Gibraltar para hacerse con el control del tráfico comercial entre el Mediterráneo y el Atlántico. Con este fin, los sultanes Benimerines intervinieron en el sur de la península Ibérica en apoyo de los reyes granadinos o enfrentándose directamente con los cristianos. Consiguieron apoderarse de diversos puertos (Tarifa, Algeciras, Gibraltar, Rota), pero finalmente fueron derrotados por el rey castellano Alfonso XI en la batalla del Salado (1340).

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